El hombre más suertudo del mundo

No, no es el chico que compró un billete de lotería con todo el dinero que tenía y se llevó el premio mayor, tampoco es el muchacho que, sin estudiar, marcó todo al champazo y metió todo el floro posible y sacó la mejor nota en el examen final, ni mucho menos el tipo malaspectoso y ordinario que se hizo pareja de una supermodelo. Es más, cualquiera de los tres envidiaría al personaje principal de esta historia, quien con mínimo esfuerzo se los llevó de encuentro. 

El hombre había vivido toda su vida en casa de sus padres. Ya crecido, tuvo la idea de dejar la casa para irse al interior del país, la cual empezó a repetir una y otra vez. Parecía cuento, pero un día la tantas veces "anunciada" partida se hizo realidad: apareció con sus pasajes en la mano, agarró sus cosas y chau. Así, quedó un cuarto vacío, el cual nadie podía utilizar (al menos como dormitorio) al no haber ni siquiera un colchón.

La estadía en dicha ciudad parecía ya definitiva, hasta que un día regresó. Desde entonces cada día se volvió un calco del anterior. Dejar pasar el tiempo se hizo costumbre, pese a tener en apariencia todas las condiciones físicas para buscar un trabajo. Alguna vez le insistieron para que busque chamba, pero puso excusas y de una (de manera inexplicable) tiraron la toalla con él. Eso sí, antes de irse, sí había trabajado, pero al volver a su casa se le olvidó (?).

En cuanto a curiosidades, sus pokemones favoritos son el 46 y 47. El lugar del Perú que quisiera visitar queda en la provincia de Cangallo (Ayacucho), cuyo nombre se asemeja al de una de las criaturitas (?) mencionadas. Su canción favorita es una de la banda Molotov, que empieza con "Subieron la mota, también el alcohol". Además, aunque no suele ir al cine, su película favorita debe ser una peruana, reciente, que tiene como protagonista a un perro que en su momento fue muy mediático. Y como no podíamos dejar fuera el tema fútbol, su jugador favorito puede que sea un colombiano, ya retirado, que fue goleador en Universitario y Cristal y que solía celebrar sus goles con una biblia en la mano.

Bajar a desayunar, a almorzar, a tomar la siesta y de paso a cenar y a dormir. El resto del día, en su excuarto, dándole curso a los libros de su biblioteca, escribiendo o escuchando radio. Pero de cosas que generen algún ingreso, nada. A veces se hace cargo de sacar la basura, y ello podría ser como un logro. Con suerte alguien le conversa; el resto, a lo sumo hola y chau. Tal vez no lo exterioricen, pero la molestia parece evidente. Yo sí hago algo y él se le lleva fácil, podría ser un pensamiento en común.

La casa para nada se asemeja a un palacio, pero él vive a cuerpo de rey, con toda la despreocupación del mundo. A cualquiera le sacaría de quicio ir o volver del trabajo y siempre encontrarlo desparramado en el sofá de la sala. Hay quienes se jubilan siendo abogados, ingenieros o médicos; de seguir todo así, tal vez se dé uno de los primeros casos de alguien que lo haga como vago.

Basada en hechos

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