Cusco 2023: Machu Picchu, sueño cumplido

Las cosas quedaron listas y había que salir para cumplir el sueño: llegar a Machu Picchu. En el camino al lugar de donde salen los colectivos tuve que pasar por una calle que no tenía luz. Lo peor era que si bien en ese momento ya no estaba lloviendo, todas las calles estaban empapadas.

Un rato a esperar a que se llenara la miniván y partimos hacia Ollantaytambo. El conductor hizo el recorrido bastante rápido, pero por suerte no se produjo una desgracia. Además, saliendo de Cusco ciudad la iluminación era escasa.

En una hora y algo más llegamos a la misma estación. Tras algunos minutos de hacer la cola, nos dimos cuenta que por ahí no era. Al tener el boleto a la mano (la tarjeta de embarque), pude entrar directo, pero como mi tren salía en más de una hora, terminé en la sala de espera.

En la sala había un mostrador y una lista de precios y una pantalla mismo aeropuerto o terrapuerto que indicaba las llegadas y salidas. Estábamos con la señora de la limpieza y algunos pasajeros que entraban y salían, porque solo querían ir al "ñoba". Luego entró otra señora, quien sí se quedó. Hasta un perro, que entró moviendo la cola y con las mismas salió. Lo hizo dos veces, pero en la segunda "pasada" se echó unos minutos a descansar: incluso unos segundos entró otro perro y se pusieron a jugar.

Un detalle era que si bien en Ollantaytambo no llovía, hacía un frío terrible. Tenía puesta casaca, gorra y guantes, pero aún así entraba. Ahí sí quedaba claro que el frío de Lima no era tal. A golpe de las 5:30 ya había más gente en la sala, mientras los perros citados seguían jugando. Luego nos llamarían para abordar el tren. Presentar el boleto y DNI y adentro todos. Como en cualquier torneo de fútbol que empieza con fase de grupos, nos acomodaron de a cuatro en función al número de boleto. Dos a dos frente a frente y al medio una mesa de madera. Curiosamente, al igual que en el viaje al Cusco desde Lima no había nadie a mi costado, pero sí al frente.

Exactamente a las 06:10 partió el tren. El recorrido duró casi hora y media. Un grupo se bajó en la estación Hidroeléctrica para continuar rumbo a Mapi por otra ruta. Había la opción de consumir bebidas y snacks (Inca Kola, café, Snickers, M&M, etc.) pero de los que pude ver casi nadie pidió. Las señoras del frente habían traído café y se la pasaron conversando todo el viaje, mientras yo solamente miraba por la ventana, donde corría el río y había sembríos de maíz. Había comprado un par de barras de cereal la noche anterior: empecé a comer una y reservé la otra para la caminata. Como había decidido no dormir antes de salir, dormía a ratos en el tren. Todos los mensajes a los pasajeros eran en español e inglés. También pasaban música alusiva al Cusco, como algunos temas de William Luna.

El tren llegó a la estación y todos se fueron por su lado, aunque el lugar al que queríamos llegar era el mismo. Era el momento de conocer la Plaza de Aguas Calientes, que se veía tal y como en los vídeos. La gente hacía cola para tomarse fotos con la figura del cóndor. Antes de llegar había que cruzar un puente cuyas barandas estaban llenas de candados. Ahí también hubo fotos.

Como tenía tiempo para llegar a Machu Picchu, pude hacer otras cosas antes de empezar la caminata. El distrito tiene su liga de fútbol y estadio. Pues bien, aunque no eran partidos oficiales, en el momento que pasé por ahí estaban jugando. Además, habían instalado juegos infantiles en el mismo campo de juego (en apariencia no perjudica nada, puesto que la temporada de fútbol ya acabó y el campo es sintético). Lo curioso era que detrás de una tribuna había un bulevar: para ser más detallado, debajo de los dos sectores en los que se dividía la tribuna había puestos de venta de anticuchos, emoliente, hamburguesas, etc.

A las 8:28 empezó la caminata rumbo al santuario. Podía comprar el boleto para hacer el recorrido en bus, pero no lo hice (considero que el precio es alto para un tramo relativamente corto). Así, la caminata empezó a buen ritmo (sin correr) hasta llegar a la garita de control. No me dejaron traspasarla, pero solamente porque como mi entrada era a las 12, tenía que pasar mínimo a las 11, y al faltar algo de dos horas tenía que quedarme ahí nomás.

No quise volver al pueblo, por lo que me quedé sentado en una de las bancas. Aparte hacía calor, y eso me puso mejor, a diferencia de la lluvia que tenía que aguantar cuando salía en Cusco. Traté de escuchar radio: pude captar la señal de unas cuatro, pero ninguna de alcance nacional. Además veía a los que regresaban de la visita ("Mapi" abre a las 6:00) y a los buses que cruzaban el puente que estaba cerca. Finalmente, la caminata se reanudó a las 9:58, con la autorización del guardia. Así, proseguí mi marcha sin mayor problema en los primeros metros, pero después vendría lo bueno: había que subir cantidad de escalones para llegar a la puerta del santuario.

Haber subido y bajado tanto en los últimos días me daba una idea de lo que podía pasar. Tenía mi botella con agua, lo que me ayudaba a recuperar energías. En muchas ocasiones el camino a pie se cruzaba con la pista, puesto que el bus hacía el recorrido como en zigzag. Ya estaba en "competencia" con un mexicano, que venía con una chica y estaban haciendo hora cerca de la garita porque también entraban a las 12. A veces yo lo dejaba atrás y viceversa. Un detalle era que cuando te cruzabas con la gente que venía bajando te decían "hola". No pude llevar la cuenta exacta, pero con seguridad fueron más de nueve. Recuerdo que la primera fue una gringuita. Y no todos necesariamente hablaban castellano.

A las 11:02 llegué a la puerta del santuario y celebré. Había pasado una hora de full exigencia física y la meta se había logrado. El mexicano llegó tres minutos después. Sin embargo, como la hora de entrada era 12, había que esperar.

** Lo que sucedió dentro de Machu Picchu no se puede contar, no porque sea mala, sino porque al estar en un lugar tan imponente es difícil describirlo con palabras**

El camino de regreso a Aguas Calientes resultó algo más complicado y hasta doloroso (para mis pies). Había chicos que hacían la bajada como si nada: eran escolares y probablemente acostumbrados a esos trotes.

Un grupo de turistas extranjeros hicieron el camino a pie desde la garita al pueblo. En la búsqueda de un lugar para almorzar encontré uno en el que me hicieron subir al segundo piso. Ofrecían entrada, segundo y postre (otros también, pero el problema era con la entrada, las que ofrecía no me gustaban (?)). Por cómo fue la atención, este será el point la próxima vez que vaya.

Tras horas de estar sin hacer nada, llegó la hora de abordar el tren local a Ollantaytambo. El tren era parecido al de vuelta en lo que se refiere a la distribución de asientos, salvo que no había mesita al medio. Me dijeron que iba a viajar como en el Metropolitano, pero no vi a nadie parado. Cerca habían cuatro chicas con buzo escolar (todas se durmieron en el camino) y a mi costado otra chica, que fue a la ventana. El recorrido se hizo sin problemas salvo un par de dormidas y una mariposa que la chica de mi costado espantó. Y como en el hospedaje yo había visto el capítulo de Bob Esponja en el que creía que una mariposa (el "monstruo") se había comido a Gusanito (cuando en realidad era Gusanito luego de la metamorfosis), me asusté, pero no al punto de gritar. El tren llegó cerca de las 11:30 a Ollantaytambo y luego a abordar la miniván para regresar a Cusco ciudad. El recorrido terminó en la plaza Cusipata, pasada la medianoche. Ya no llovía, pero el frío seguía. Y con todo llegué al hospedaje habiendo cumplido uno de mis grandes sueños.

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