Frente al mar
Apenas dos semanas después de aquella carrera mixta de julio del 2024 había planes de participar en otra, esta última alusiva a las Fiestas Patrias. Había presupuesto, margen para la inscripción y tiempo disponible, pero debido al incidente en la primera de ellas la decisión fue radical: no participar en la segunda.
Un año después, el contexto era distinto. Con el buen antecedente de la 7K de junio y sin mayor inconveniente en plena carrera, había la posibilidad de participar en la edición 2025 de la carrera de Fiestas Patrias. El proceso de inscripción se siguió de manera correcta y el recojo del kit podía hacerse en dos días. Fui al primero (pese a un problema con el transporte ni bien salí de casa) y como tantos otros salí del local con los implementos, previa cola. Sin embargo, al salir me di con una imagen sobrecogedora: un recinto que antaño fue sede de la Segunda División quedó en el abandono, con la cancha convertida en un pampón. Con razón los equipos de la liga tuvieron que irse a otro distrito a jugar.
Llegó el día y había que salir temprano. A patita desde casa hasta la estación del Metropolitano, en una mañana que empezó fría. El bus hizo el recorrido sin problemas y varios nos bajamos en el mismo lugar, de los que íbamos a participar. El ambiente se veía bueno, con música, color y alegría. En la avenida que hiciera famosa el grupo Frágil, los corredores se alistaban para la partida.
En pleno entrenamiento me di con un restaurante cuya publicidad sale en la radio que escucho. Estaba cerrado, pero al ver los precios, ahí nomás (?). Por ahí merodeaban los gatos, y se notaba por el olor, pero ninguno de ellos estorbaba. Llegó las 08:00 y la hora de cantar el himno (según el programa), pero se retrasó unos minutos. Finalmente todos partimos.
El inicio de carrera no fue bueno. La idea era correr a un ritmo parejo hasta donde pudiera (como en la carrera de junio), pero la primera parada llegó muy pronto, antes de dar la vuelta en u en la avenida Arequipa. Tal vez se me pasó un poco la mano (o las piernas) con la velocidad. Sin embargo, según lo que marcaba el reloj el ritmo no era malo. Tomé como "punto de referencia" a un chico tatuado, pero pronto me sacó bastante ventaja. Cambié a un par de chicas que corrían juntas y escuchando música: a ellas las alcancé unas cuatro o cinco veces (ya habiendo dado la vuelta en u) hasta perderlas de vista. En una tuvimos que parar para que pasaran los autos que cruzaban la avenida, cuando cambió la luz: salí rápido y lideré (?) la carrera por algunas cuadras hasta que me fueron alcanzando.
Al momento de doblar a José Pardo nos esperaban los encargados de la hidratación. Como en la carrera de diciembre, no quise botar el envase a la pista y mientras avanzaba buscaba algún tacho para ello. Los envases tirados se contaban por decenas, mientras caminaba más de lo que corría. Finalmente al momento de cruzar un parque encontré el tacho, aunque al echar el envase casi trastabillo.
La mejor parte (en lo personal) vino después. Como si el mar me diera más fuerza, empecé a correr a un mejor ritmo. Esta vez la "referencia" era una chica que tenía puesto un polo de la selección, y a ella sí la pude alcanzar creo de manera definitiva, ya en la recta final. En pleno recorrido nos cruzamos con gente que corría en sentido contrario. ¿Estaban confundidos? Para nada. Ellos acostumbran a correr por la zona, sin necesidad de que sea una carrera. Lo hacen para mantenerse en forma, incluso algunos acompañados de su mascota. El Faro, el Parque del Amor y el Puente Villena eran algunos de los puntos por donde pasamos.
Luego de la subida, teníamos que tomar la recta final. Allí se dio una figura similar a la de kilómetros antes, a esperar que pasen los autos para seguir corriendo. Como queriendo cerrar de la mejor manera la prueba, le metimos el último esfuerzo (no fui el único) y llegamos a la meta. Cola para recibir la medalla y la hidratación y listo, hemos terminado por hoy.
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